Lentamente cierras el sarcófago mientras acaricias los brotes del muérdago, allá lejos por el horizonte, asoma la luna llena anunciando una noche cálida y estrellada.
Nada interrumpe el canto sensual de los grillos, ni tu suave paso sobre las hojas secas, ellas exhalan sus últimos suspiros acompañando tu caminar hacia la eterna noche, no te equivoques, no gimen de tristeza, suspiran de gozo.
Tu presencia en el limbo no deja arribar las tinieblas, es tu sombra de luz la que colorea las nubes nocturnas, es ella quien dibuja tu perfil trémulo sobre las lápidas, no teme a la eternidad, ni duda del más allá.
Sin prisa va cayendo la noche y me rodea y sólo quiero sentir tu levedad, oler tu aire y vibrar en tu energía; sólo quiero que tomes mi mano y atravesemos el umbral de lo desconocido hacia tu mundo, que anhelo conocer.
No tengo ansias de perpetuidad, Dios me otorgó un camino más largo, pero nada altera nuestro reencuentro en tu mundo sin tiempo.
Tu tiempo no existe, no transcurre, simplemente es aquí o allí y ahora; tu mundo sin adioses se transformó en una esperanza y estás allí esperándome sin esperar.
Es tan bello desprenderse de lo mundano, es tan liberador! no sentir miedo, dudas, dolor, vivir en el amor, sólo eso ¡vaya que no es poco! tan sólo la gloria, puro amor ¡qué soberbio encuentro!
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